martes, 7 de febrero de 2012

¿Cuando debo buscar ayuda para mi hijo?



Generalmente, los padres son los primeros en darse cuenta cuando uno de sus hijos manifiesta algún problema emocional o de comportamiento. Aun así, la decisión de buscar ayuda profesional puede ser difícil y dolorosa para el padre/madre.
El primer paso antes que nada, es tratar de hablar sinceramente con su hijo acerca de sus sentimientos, a menudo, cuando es una situación poco compleja, ésta puede ser la mejor solución. En otras ocasiones, puede requerir la intervención de un especialista.
A continuación se enlistan algunas señales que le pueden indicar cuándo es necesario buscar ayuda de un especialilsta
EN NIÑOS:
  • Cambios negativos importantes en el rendimiento académico. 
  • Malas calificaciones en la escuela, a pesar de hacer un esfuerzo notable. 
  • Mucha preocupación o ansiedad excesiva, lo que puede manifestarse en su resistencia para asistir a la escuela, al acostarse a dormir o al participar en aquellas actividades normales para un niño/niña de su edad. 
  • Hiperactividad, inquietud, movimiento constante mas allá del juego regular. 
  • Pesadillas persistentes. 
  • Desobediencia o agresión persistente (de más de 6 meses) y conducta de oposición provocativa hacia las figuras de autoridad. 
  • Rabietas frecuentes e inexplicables.

EN ADOLESCENTES
  • Cambios marcados en el aprendizaje en la escuela. 
  • Dificultad para enfrentarse a los problemas, situaciones o actividades diarias. 
  • Cambios significativos en hábitos de dormir y/o alimenticios. 
  • Frecuentes quejas físicas. 
  • Estado depresivo manifestado por un estado de ánimo y actitud persistentemente negativo, con frecuencia acompañado de apetito pobre, dificultad en el dormir e ideas relacionadas con la muerte. 
  • Abuso de drogas o del alcohol. 
  • Miedo intenso a tornarse obeso sin tomar en cuenta su verdadero peso al presente, purgar los alimentos o restringir el comer. 
  • Pesadillas persistentes. 
  • Amenazas de hacerse daño a sí mismo o hacerle daño a otros. 
  • Comportamiento de inflingirse heridas o autodestructivo. 
  • Arranques frecuentes de ira y agresión. 
  • Amenazas de irse del hogar. 
  • Violación persistente de los derechos de otras personas de forma agresiva o no agresiva; reto a la autoridad, ausencia a escuela, robos o vandalismo. 
  • Pensamientos, creencias y sentimientos extraños o comportamiento poco usual.
Es importante que como padres oberven el comportamiento de sus hijos y detecten a tiempo los cambios que ocurren para poder intervenir a tiempo, no debemos esperar a que las cosas cambien por sí solas, en muchas ocasiones lo que podemos ver como cambios de conducta, para nuestros hijos son crisis difíciles de superar sin ayuda profesional.

Fuente: Unidos por la Familia

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