viernes, 24 de febrero de 2012

¿Cómo reconocer la adicción en tu hijo adolescente?

Aunque no se puede generalizar, según Meyer Yusim, director de la Fundación Mazal y quien ha investigado por más de 10 años el tema, existen señales que pueden ser signos de alarma:

- Alcohol: Olor a alcohool en el aliento, vómito, ojos llorosos, dolor de cabeza, sed al día siguiente y pérdida de apetito.

- Marihuana: Los ojos se ponen rojos, hay mareos, sed, y los muchachos duermen más de lo acostumbrado; cambios notorios en el apetito. Los consumidores tienden a encerrarse constantemente en su habitación y se nota bajo rendimiento escolar. Además, comienzan a cargar gotas para disimular el enrojecimiento.

- Cocaína: Con su consumo la persona está sobreexcitada, vive como si estuviera con un resfriado, el cambio de peso es notable, la nariz se ve afectada, las pupilas muy grandes y dilatadas, se presentan aislamiento, intranquilidad, agresividad, nerviosismo, aceleración sin justificación, bajo rendimiento escolar y cambio de amistades.

- Heroína: Rasquiña en el cuerpo, está siempre agarrándose la cabeza y la nariz comienza a verse más irritada y roja. Además, son evidentes los pinchazos en los brazos o los tobillos (también lo hacen en el paladar) y luce mucho más pálido.

- Ácidos: Los ojos se ponen vidriosos (demasiado blancos y con la pupila dilatada), la persona se nota eufórica, tiende a fijar la mirada en su cuerpo o en otros objetos. Se ven como concentradas pero a la vez idas y las conversaciones a veces no son muy coherentes.

- Inhalantes (pegamentos, gasolina): Su consumo puede ser uno de los más notorios debido al olor, pues se impregna en la persona. Se irrita la nariz y los ojos se ven un poco llorosos. El consumidor parece dormido y la expresión corporal se vuelve lenta.

- Crack: Causa un gran deterioro físico, adelgazamiento total.

- Los sedantes: Como su nombre lo indica, no permiten que la persona esté alerta, se nota como en un estado de completa tranquilidad, tiene períodos de sueño inexplicables, temblores, insomnio, ansiedad y, cuando el efecto pasa, hay depresión. Dependiendo de cómo afecte a la persona, pueden presentarse convulsiones y delirio.


¿Qué hacer?

Asesorarse profesionalmente es ideal e importante ya que el manejo por si sólo de la adolescencia ya es difícil, sumándole el tema de adicciones se convierte en algo totalmente complicado.

Es conveniente tranquilizarse y reaccionar sin gritos, sin violencia, sin histeria. Hay que buscar las razones y vacíos que siente el joven para consumir, por ende, hay que hablar mucho con el adolescente.
Es importante estar pendiente de la cotidianidad del adolescente y tener mayor control sobre sus actividades. Conocer sus amigos.

Hablarles claramente, apoyarlos y exponerles alternativas de ayuda, de actividades, de estudio; pero sin perder la autoridad y sin dejar de imponer límites.
*Fuente: Linksalud



Consultas: 8991-9741 / 2430-4457 / cpi-consultas@psicoalajuela.com. http://www.psicoalajuela.com/

miércoles, 15 de febrero de 2012

Rendimiento Académico y Conducta

En general los niños que presentan dificultades en el rendimiento o en su conducta, poseen leves alteraciones o retrasos en alguna o algunas áreas del desarrollo, ya sea cognitiva, biológica o emocional; sin embargo, no cumplen con los criterios para ser clasificados dentro de alguna categoría diagnóstica como retardo, déficit atencional, trastorno del aprendizaje u otra. Es decir no hay una “enfermedad” asociada que explique sus dificultades escolares, y de esos niños son los que nos referiremos en este artículo, vale decir niños aparentemente sanos del punto de vista médico pero que presentan mal rendimiento escolar.

Es de suma importancia mencionar que un estudiante con bajo rendimiento escolar es un estudiante “de riesgo”, esto significa que aumenta en él la probabilidad de presentar alteraciones conductuales y alteraciones emocionales como disminución en la sensación de auto eficacia, agresividad producto de la frustración, disminución de la autoestima e incluso caer en conductas como la drogadicción, el alcoholismo y finalmente la deserción.

Paralelamente existen algunos factores de riesgo que, eventualmente, potencian el problema y son proporcionados por el colegio. Por ejemplo: falta de recursos, falta de preparación por parte de los profesores en materias de manejo emocional de los niños, bajísimas compensaciones, cursos en extremo numerosos, etc.

Cuando un niño repite, no sólo es un fracaso del niño, sino de  los padres y de todo el sistema educacional, por lo tanto, estos tres sistemas están fallando y las intervenciones deben abordarlas a todos.

En cuanto al sistema educativo, existen además variables que son muy importantes en los docentes, independiente de su preparación académica. Algunos estudios han determinado que aquellos profesores cuyo trato es amable y amoroso, que enseñan con ternura y sentido del humor tienen mejores respuestas por parte de sus alumnos quienes presentan mejores notas.

Son muchos los niños que presentando problemas de rendimiento escolar y de conducta, lamentablemente no son tratados. Esto no sólo genera problemas en el niño sino también en los profesores que muchas veces no saben cómo enfrentarlo. Se sienten sobrepasados. Al reconocer que ya no pueden manejar a un alumno, sienten como un propio fracaso en su calidad de docente u optan por culpar a la familia, entrando en un círculo vicioso que se orienta en buscar responsables, pero no en buscar la solución a ese problema específico.


¿QUÉ PODEMOS HACER?
Si bien no existen recetas universales, pues las diferencias individuales determinarán el tratamiento, es posible mencionar algunas generalidades. 

* En primer lugar, hay que descartar inicialmente la presencia de algún trastorno de base, ya que determina el curso del tratamiento en la casa y en el colegio. Consultar con algún especialista en el tema nos aclara la causa y nos orienta en la formas de tratarlo.

* Es fundamental que los niños aprendan a desarrollar competencias en el área emocional, de esta forma propiciamos la buena conducta y el aprendizaje en el aula. Esto se traduce en aprender gradualmente habilidades para comprender, manejar y expresar las emociones en la vida, para relacionarse con los otros de manera adecuada, y adaptarnos a situaciones nuevas.

Fuente: Lorena Bravo C.

martes, 7 de febrero de 2012

¿Cuando debo buscar ayuda para mi hijo?



Generalmente, los padres son los primeros en darse cuenta cuando uno de sus hijos manifiesta algún problema emocional o de comportamiento. Aun así, la decisión de buscar ayuda profesional puede ser difícil y dolorosa para el padre/madre.
El primer paso antes que nada, es tratar de hablar sinceramente con su hijo acerca de sus sentimientos, a menudo, cuando es una situación poco compleja, ésta puede ser la mejor solución. En otras ocasiones, puede requerir la intervención de un especialista.
A continuación se enlistan algunas señales que le pueden indicar cuándo es necesario buscar ayuda de un especialilsta
EN NIÑOS:
  • Cambios negativos importantes en el rendimiento académico. 
  • Malas calificaciones en la escuela, a pesar de hacer un esfuerzo notable. 
  • Mucha preocupación o ansiedad excesiva, lo que puede manifestarse en su resistencia para asistir a la escuela, al acostarse a dormir o al participar en aquellas actividades normales para un niño/niña de su edad. 
  • Hiperactividad, inquietud, movimiento constante mas allá del juego regular. 
  • Pesadillas persistentes. 
  • Desobediencia o agresión persistente (de más de 6 meses) y conducta de oposición provocativa hacia las figuras de autoridad. 
  • Rabietas frecuentes e inexplicables.

EN ADOLESCENTES
  • Cambios marcados en el aprendizaje en la escuela. 
  • Dificultad para enfrentarse a los problemas, situaciones o actividades diarias. 
  • Cambios significativos en hábitos de dormir y/o alimenticios. 
  • Frecuentes quejas físicas. 
  • Estado depresivo manifestado por un estado de ánimo y actitud persistentemente negativo, con frecuencia acompañado de apetito pobre, dificultad en el dormir e ideas relacionadas con la muerte. 
  • Abuso de drogas o del alcohol. 
  • Miedo intenso a tornarse obeso sin tomar en cuenta su verdadero peso al presente, purgar los alimentos o restringir el comer. 
  • Pesadillas persistentes. 
  • Amenazas de hacerse daño a sí mismo o hacerle daño a otros. 
  • Comportamiento de inflingirse heridas o autodestructivo. 
  • Arranques frecuentes de ira y agresión. 
  • Amenazas de irse del hogar. 
  • Violación persistente de los derechos de otras personas de forma agresiva o no agresiva; reto a la autoridad, ausencia a escuela, robos o vandalismo. 
  • Pensamientos, creencias y sentimientos extraños o comportamiento poco usual.
Es importante que como padres oberven el comportamiento de sus hijos y detecten a tiempo los cambios que ocurren para poder intervenir a tiempo, no debemos esperar a que las cosas cambien por sí solas, en muchas ocasiones lo que podemos ver como cambios de conducta, para nuestros hijos son crisis difíciles de superar sin ayuda profesional.

Fuente: Unidos por la Familia

jueves, 2 de febrero de 2012

¿La timidez te afecta en tu vida diaria?


Un rubor que invade las mejillas, el sudor frío en las manos y la frente, los latidos que se aceleran, un nudo en la garganta, las mandíbulas apretadas, los molestos gases en el aparato digestivo, temblores, algunos tic y un sin número de síntomas difícilmente controlables, invaden con frecuencia a los tímidos más problemáticos cuando se encuentran ante otras personas.

Es, en realidad, un conjunto encadenado de manifestaciones psicosomáticas que el tímido trata de esconder. Y, ante el evidente fracaso de su propósito, las cosas empeoran aún más. Si no sabe ubicarse y actuar en una reunión de amigos o de trabajo, por ejemplo, en un principio se ruborizará. Pero esto no es lo peor: al darse cuenta de que llama la atención, el rubor aumentará; si, además, alguien le hace la observación de que se está poniendo colorado, terminará por vivir el encuentro casi como una tragedia. La timidez siempre está relacionada con el contacto social. Por eso, hay muchas y variadas situaciones en las que el tímido puede sufrir con el contacto humano: encontrarse a solas con alguien en el ascensor, hacer una pregunta en público, efectuar una reclamación en un restaurante, devolver una prenda en la boutique, iniciar una relación de pareja... Ahora bien, ciertos niveles de timidez pueden incluso resultar atractivos porque despiertan en los demás sentimientos de ternura, ante la manifiesta debilidad y necesidad de protección que emana del tímido. Por eso, algunos tímidos resultan tan interesantes para ciertas mujeres, que ven en ellos personas a mimar y proteger, y una estupenda ocasión de manifestar su instinto maternal. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones la timidez se convierte en una tortura, un problema patológico que impide al individuo relacionarse con normalidad. ¿Cuándo se puede decir que la timidez adquiere el marchamo de “preocupante”?

Signos preocupantes

¿Cuándo se puede considerar la timidez patológica y requiere, por tanto, que se actúe decididamente sobre ella? La señal de alarma es el sufrimiento: cuando ese temor al contacto con los demás produce angustia, desestabiliza y perjudica a la persona en sus relaciones laborales, de amigos y familiares, hay que intervenir: el bienestar emocional y, en general, la calidad de vida, se resienten demasiado.

Ser tímido, aclarémoslo, no es lo mismo que ser introvertido. La persona introvertida es reservada y vive, predominantemente, hacia dentro de sí misma. Prefiere expresarse con parquedad. Pero puede, perfectamente, no ser tímida. Algunos introvertidos lo son porque eligen disfrutar de su mundo interior y no salir mucho de sí mismos. Incluso pueden ser excelentes comunicadores. Y también hay tímidos que hacen esfuerzos titánicos por superarse y se han convertido en personas que aparentemente se relacionan muy bien.

El tímido es, normalmente, una persona muy emotiva que tiene miedo de actuar mal y por eso evita el contacto con los demás. No se fía mucho de sí mismo ni de los demás. Algunos tímidos que aceptan su timidez como un componente de su personalidad logran sobreponerse, pero en otros casos su carácter les causa un severo sufrimiento. Muchos de ellos no han podido soportar la angustia del aislamiento progresivo al que ellos mismos se han condenado y al que irremediablemente les empuja una sociedad que no se anda con muchas contemplaciones con los aparentemente más débiles. ¿Y cómo reaccionan para sobrevivir? En algunos casos, con conductas compensatorias: agresividad, despotismo, frivolidad, o intentando llamar la atención de los demás mediante el chiste fácil o el falso liderazgo. Son mecanismos de defensa interesantes de conocer, porque funcionan como una máscara que oculta a los tímidos y los hace difíciles de reconocer.

¿Cómo superar la timidez?

Martha Davis y otros autores en su libro "Técnicas de autocontrol emocional" (ED. Martínez Roca), apuntan algunos pasos para reforzar la personalidad de las personas tímidas ACOMPAÑADAS POR UN PROFESIONAL EN SALUD MENTAL:

 Detención del pensamiento. Concentrarse en los pensamientos no deseados que nos asaltan y, después de un corto período de tiempo, detener y vaciar la mente. Se debe estar atento a la aparición de estos pensamientos, identificarlos y pararlos enérgicamente.

 Rechazo de las ideas irracionales. Suscitando pensamientos racionales como "no me afecta", "todo ser humano se equivoca", "una discusión es cosa de dos", "nos sentimos en función de cómo pensamos", o "qué es lo peor que me puede ocurrir".

 Desarrollo de técnicas de afrontamiento del miedo. Utilizando técnicas de relajación que apoyen las decisiones que nos conducen a soportar situaciones difíciles.

 Entrenamiento asertivo. Mostramos una conducta asertiva cuando defendemos nuestros propios intereses, y expresamos nuestras opiniones libremente pero sin herir la susceptibilidad de los demás.

 Otro autor, Weimberg, afirma que la timidez es un hábito que se fortalece si no se actúa contra él. Lo mejor es afrontarla de frente, no huir. Aguantar la presión de las miradas, quedarse en el grupo. Mirar a los ojos del interlocutor, cada vez un poco más fijamente. "No se trata de hallar valor para hablar, sino de hablar para hallar valor". Hemos de hacer inventario de nuestros propios valores para ir tomando conciencia íntima de nuestras cualidades. Y para valorarlas en su justa medida.

Fuente: Fobiasocial.com