lunes, 30 de enero de 2012

Adolescencia y alcohol

Siempre, desde el comienzo de la historia, la sociedad humana ha consumido bebidas alcohólicas para celebrar o para realizar ceremonias religiosas, terapia medicinal, placer o recreación.
Así mismo, desde tiempos inmemoriales son conocidos los efectos nocivos de un consumo exagerado de ese tipo de bebidas. Ya en escritos antiguos, en la literatura mitológica greco ? romana, y hasta en relatos bíblicos pueden encontrarse referencias a los resultados de una borrachera o de una bacanal.
Los científicos en la actualidad sostienen opiniones variadas sobre la conveniencia o no de un consumo moderado de alcohol.
Desde aquellos que lo proscriben totalmente, especialmente en los casos de embarazo, hasta quienes defienden su uso como un colaborador apropiado para ciertos procesos fisiológicos.
De hecho, algunos investigadores han señalado que el uso de sustancias alcohólicas en pequeñas cantidades puede ser un agente movilizador de lipoproteínas de alta densidad, las cuales favorecen la prevención de la arteriosclerosis y de los infartos al miocardio.
El debate más reciente es sobre si los jóvenes deberían tener acceso a ese tipo de bebidas únicamente cuando tengan la edad apropiada para ello, o si deberían enseñárseles patrones adecuados y responsables de consumo.
La discusión aumenta cuando los argumentos chocan con preceptos legales, morales o de índole religiosa.
Mayor complicación aún se presenta cuando se plantea el tema de ¿Cuánto es adecuado para un adolescente? y ¿Quién asegura la ingesta controlada de una droga legal que afecta precisamente a los centros cerebrales de control, en una personalidad inmadura que mayormente sufre por falta de control?
Si a esto le añadimos las actitudes negativas del adulto y los factores de modelaje social que reciben los jóvenes, podremos apreciar que el panorama luce complicado antes de que lleguemos a una conclusión definitiva.
Los jóvenes y el alcohol
Casi todas las estadísticas mundiales muestran que el alcohol es la droga más utilizada por la población juvenil, incluyendo a los niños.
En años recientes el uso y abuso alcohólico ha aumentado exponencialmente, debido en gran medida a las condiciones socioculturales y económicas de nuestros países.
Las familias han perdido la consistencia de su estructura interna a medida que la necesidad de ?producir más para vivir mejor? se ha hecho más aguda y la normativa social se ha vuelto más confusa con respecto a lo que es bueno y lo que es malo para los individuos.
Un estudio informal realizado por el autor de este artículo junto a dos colaboradores, en la consulta de adolescentes del Hospital de Niños ?J.M. de los Ríos?, en la ciudad de Caracas mostró que, de los 134 adolescentes encuestados, con edades comprendidas entre los 13 y 19 años, 93 reconocieron haber ingerido bebidas alcohólicas ocasionalmente, 42 afirmaron haber experimentado al menos una vez, intoxicaciones de mediana a elevada intensidad,
33 aceptaron que consumían alcohol con una frecuencia superior a dos veces por semana y 8 se calificaron como bebedores de todos los días.
Lo más llamativo de los resultados de esta encuesta fue que de los 42 que reportaron intoxicaciones alcohólicas de al menos una vez, 29 fueron de sexo femenino.
El primer contacto con el alcohol se reportó con más frecuencia alrededor de los 11 años y el más precoz de todos aseguró haber sufrido de una borrachera inducida por un hermano mayor, a la edad de 9 años.
Estas cifras obtenidas en una forma más bien informativa para nuestra consulta en años anteriores es posible que hayan aumentado o al menos se hayan mantenido en épocas más recientes.
El uso y abuso alcohólico en adolescentes es un enorme factor de riesgo dada las condiciones emocionales en que ellos se encuentran y el clima de inseguridad y violencia presente en nuestras sociedades.
La tendencia a la impulsividad, a no medir las consecuencias de sus actos y a ceder ante las presiones grupales hace que el panorama sea aún más preocupante.
Un adolescente puede recurrir al alcohol en momentos de celebración, pero con mayor frecuencia este se convierte en un arma de retaliación hacia los adultos significativos, tales como los padres o los profesores, a veces es un aliviadero de tensiones y otras en un medio para competir con sus compañeros o amigos.
En este último caso es cuando por lo general se producen los casos más severos de intoxicación etílica.
Los jóvenes, en ocasiones, apuestan a ver quién se emborracha más rápido y en otras a ver quién aguanta más bebida.
En cualquier caso, el beber ya no constituye más placer que el sentir poder sobre el grupo o sobre el compañero que lo reta, pero en el fondo lo único que revela es su malestar emocional y su inseguridad.
Es bien sabido por los bebedores que nada embriaga más y de la peor manera que el hacerlo cuando se está mal de ánimo o cuando se toma ?para olvidar?.
Esto alude al hecho de que el efecto del alcohol está altamente influido por el ambiente interno y externo en que se encuentra quien bebe.
Si un joven no está ingiriendo alcohol por el simple hecho de compartir un rato agradable con los amigos, sino que se encuentra en tensión o en un combate mental con sus angustias, terminará seguramente en una borrachera fenomenal, enfrentado a los peligros que acarrea la inconsciencia y la torpeza motora.
El alcohol, a medida que aumenta su concentración en la sangre, deprime la corteza cerebral y afecta los centros nerviosos, dejando a las emociones casi sin control.
Muchas de las acciones del borracho son guiadas más por sus estructuras emotivas que por su razonamiento.
De esta manera, y según como sean los contenidos que comúnmente controla la corteza será la conducta de quien ha bebido en exceso.
En el adolescente, y en algunos adultos también, con frecuencia aparecen sentimientos de omnipotencia, de que el mundo es de ellos y no hay quien los detenga.
En esta tónica pueden acelerar a fondo un automóvil para pasar a otro que lo retó en la vía o creer que pueden manejar su moto como un profesional y lanzarse en una aventura sin retorno.
Otros sentimientos pueden ser de carácter agresivo debido a la hipersensibilidad común en la edad adolescente y llevarlos a participar en una golpiza de consecuencias impredecibles.
La sexualidad acentuada por el sistema endocrino en la edad juvenil también es favorecida por la ingesta alcohólica y bajo sus efectos hay poca consciencia de límites o de consecuencias negativas.
¿Quién puede resistirse, a los diecisiete años y bajo la influencia alcohólica, a una actividad sexual, cuya oferta no le cuesta mucho encontrar en los momentos actuales y quién se preocupa por la protección del condón?.
Las situaciones riesgosas producidas por el uso y abuso del alcohol en adolescentes nos obligan a revisar nuestras actitudes y el tipo de modelos que les transmitimos.
No es que les impidamos tomar en absoluto o que nos privemos de un consumo que, como dijimos al principio forma parte de casi todas nuestras ocasiones de relax o de celebración.
Lo que hay que enfatizar es el tema del control.
Beber con medida puede ser agradable y no tiene por qué acarrear ningún peligro, si no se pierde la conciencia o la habilidad motora (aún cuando muchos bebedores consuetudinarios sostienen que manejan mejor cuando han tomado bastante).
Es importante que les enseñemos a beber sin estimularlos en ningún momento para que lo hagan.
La gente debería tomar solamente si le provoca y no sentirse obligados, como si fuera una afrenta el rechazar el ofrecimiento de una bebida.
Debemos revisar nuestros propios patrones de consumo alcohólico. ¿Cuándo lo hacemos?, ¿Por qué?, ¿Cómo reaccionamos cuando hemos tomado?, ¿Cuáles son las consecuencias más frecuentes que recibimos de ello? Ellos nos están observando y aprendiendo y, a veces ellos son los receptores inmediatos de nuestro comportamiento.
Por último, deberíamos estar bien atentos a nuestros patrones de crianza y cómo les tratamos en la vida cotidiana. ¿Les damos suficiente atención?, ¿Nos preocupamos por sus estados de ánimo?, ¿Por sus vivencias?, ¿Por sus estados de ánimo?. ¿Nos preocupa su autoestima?, ¿Nos informamos de sus amigos y de los grupos que ellos frecuentan?, ¿Les damos patrones sanos o nos comportamos "como nos da la gana?.
Una sana actitud hacia nuestros hijos es la mejor forma de realizar prevención y ésta es siempre mejor que la actuación tardía, cuando ya puede ser demasiado tarde.


Fuente: César Landaeta H.

jueves, 26 de enero de 2012

Una mirada al Asperger

"Mamá te quiero hasta más allá de los planetas y hasta donde crecen las papas"

Esta frase podría no tener nada de especial si no me la hubiese dicho mi hijo, con Síndrome de Asperger cuando tenía 8 años, en ella refleja toda la inocencia y la forma particular que tienen de comprender el mundo que los rodea y también lo que marca la diferencia con nosotros los “neurotípicos”.
El Síndrome de Asperger es un trastorno del desarrollo que pertenece al “Espectro Autista” donde están además el Autismo clásico, el Autismo de Alto funcionamiento el Síndrome de Rett y el Trastorno Desintegrativo de la Infancia. No pretendo desarrollar este tema, no soy una experta, sólo quiero plasmar la experiencia que nos ha tocado vivir como a tantas familias.
Los niños asperger son de apariencia normal, como cualquier otro niño, muy tiernos y querendones a su modo, inocentes. Poseen una memoria extraordinaria, pueden memorizar lo que deseen, especialmente si son temas que les apasionan, este es uno de sus mayores potenciales y la base para trabajar las áreas que se encuentran disminuidas; poseen muy poca o ninguna habilidad social y de comunicación, les cuesta reconocer los estados de ánimo, las bromas o chistes, esta ingenuidad muchas veces los hace flanco preferido de burlas e incluso del tan famoso bullying.
El diagnóstico precoz y la intervención apropiada son vitales para su crecimiento y desarrollo, pero para esto se requiere, desde el comienzo un apoyo multidisciplinario de Neurólogos, Psicólogos, Terapeutas Ocupacionales, Fonoaudiólogos, Educadores Diferenciales, Psicopedagogos, además de medicamentos y actividades extraprogramáticas.
Este tipo de trastornos involucran a la familia en su totalidad, padres cuyos matrimonios se desmoronan, hermanos a los que también hay que atender. Es un costo emocional y económico importante.
Podrán imaginarse cuanto cuesta acceder a todas estas terapias y mantenerlas en el tiempo cuando muchas de ellas no tienen cobertura. Pero lo más triste, es que sólo algunos podemos solventarlo, sólo algunos de estos niños pueden tener la posibilidad de integrarse en un mundo cada vez más complejo y diferenciado, quedando la mayoría limitados y excluidos.
El Síndrome de Asperger es una condición que te acompaña durante toda la vida. ¿Por qué no la consideramos en el Auge?
En el ámbito educacional la integración no opera para nuestros hijos, lo que nos lleva a depender de la buena voluntad de los colegios que los acogen, sin considerarlos una vez más en las políticas públicas.
Necesitamos que se legisle al respecto y que se opere con efectividad desde el Estado, nosotros los padres estamos trabajando duro con mucha fe y esperanza para que eso se logre, pero también con muchos temores. ¿Cuáles serían esos temores? “Necesitamos tener la seguridad de que nuestros hijos se encuentran protegidos y que sus derechos son respetados”
Mi hijo ya tiene 10 años y está en 3º básico, a pesar de que con mucho esfuerzo familiar hemos podido facilitar el desarrollo de sus capacidades y su integración, es necesario movilizar las energías sociales para que se hagan efectivos los derechos básicos de todos los niños con este tipo de trastornos, teniendo acceso a la salud y a la educación como todos.
Mi hijo llega cada día del colegio con pequeños pero importantes logros que muestran su enorme potencial de desarrollo. Es importante facilitar este proceso de desarrollo e integración en todos nuestros hijos sin dejar a varios en el camino, como sucede hoy en día. Es importante pensar en su futuro para que el adulto asperger logre ser una persona realizada, independiente y feliz.


Fuente: Rosario Berardi Devoto, Puerto Montt, Chile

miércoles, 25 de enero de 2012

¿Mala conducta en sus hijos?

 
El trastorno oposicionista desafiante implica un patrón recurrente de conducta negativista, desafiante, desobediente y hostil dirigida hacia las figuras de autoridad. Si bien este trastorno tiene una relevancia clínica importante, es muy poco lo que se conoce al respecto; probablemente porque muchos especialistas lo consideran como una variante o manifestación del trastorno de conducta. En este sentido debe puntualizarse que padecer el trastorno oposicionista desafiante incrementa el riesgo de desarrollar un trastorno disocial de la conducta y de manifestar una personalidad antisocial en la edad adulta pero no debe identificarse con el trastorno de conducta propiamente dicho.

Se estima que el trastorno oposicionista desafiante tiene una prevalencia poblacional que varía entre el 2 y el 16%. Casi un 75% de los casos están relacionados con un trastorno de déficit de atención e hiperactividad, tanto es así que entre el 40 y el 60% de los niños que tienen diagnosticado un trastorno de déficit de atención e hiperactividad terminan desarrollando un trastorno oposicionista desafiante.

Generalmente los niños con un trastorno oposicionista desafiante suelen identificarse desde la temprana edad de los dos o tres años ya que sus conductas resultan muy disruptivas, llegando incluso a crear problemas familiares.

El Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales especifica cuáles son los principales síntomas del trastorno oposicionista desafiante:

- Un patrón de comportamiento negativista, hostil y desafiante que se extiende por lo menos durante seis meses y en el que están presentes cuatro o más de los siguientes comportamientos:

1. Se encoleriza e irrumpe en pataletas

2. Discute con los adultos

3. Desafía activamente a los adultos o rehúsa cumplir sus demandas

4. Molesta deliberadamente a otras personas

5. Acusa a otros de sus errores o mal comportamiento

6. Es susceptible o fácilmente molestado por otros

7. Colérico y resentido

8. Rencoroso o vengativo

- Se evidencia un deterioro clínicamente significativo en la actividad social o académica

- Los comportamientos no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno psicótico o de un trastorno del estado del ánimo.

La diferencia esencial entre el trastorno oposicionista desafiante y otros tipos de patologías disociales estriba en que estos niños no violan las leyes o los derechos fundamentales de los demás. De la misma forma, el niño no roba y no manifiesta comportamientos destructivos, de crueldad o de intimidación. La presencia definitiva de cualquiera de estas formas de comportamiento excluiría sul diagnóstico.

¿Cuáles son las causas del trastorno oposicionista desafiante?

La causa precisa de este trastorno no se conoce pero existen dos grandes teorías que intentan explicar el por qué de su aparición. La teoría del desarrollo sugiere que las dificultades inician cuando los niños tienen entre uno y dos años y medio de edad fundamentalmente debido a que presentan dificultades para aprender a separarse y hacerse autónomos de la persona a la cual se encuentran ligados emocionalmente. Así, los “malos comportamientos” serían una prolongación de las cuestiones normales del desarrollo que no han sido resueltas adecuadamente en los primeros años de vida.

Por otra parte, la teoría del aprendizaje indica que las características negativas del trastorno oposicionista desafiante son actitudes aprendidas que no son sino un reflejo de los efectos de las técnicas de refuerzo negativo empleadas por los padres y las figuras de autoridad. Así, se piensa que el empleo de refuerzos negativos incrementa la frecuencia e intensidad de los comportamientos opositores en el niño, que de este modo logra llamar la atención de los adultos y obtiene la interacción deseada.

Particularmente considero que una teoría no tiene por qué excluir la otra y además, deben comprenderse otros factores causales como la personalidad o el temperamento del niño (normalmente más fuerte y enérgico que el de sus coetáneos) y el desarrollo de sucesos estresantes como el divorcio entre los padres, los problemas familiares o las enfermedades.

De hecho, existen varios especialistas que señalan que un temperamento fuerte se encuentra en la base del trastorno oposicionista desafiante, los sucesos estresantes pueden actuar como un desencadenador del trastorno mientras que las actitudes de los padres y el control que ejercen sobre el comportamiento rebelde de los niños son el factor clave para dar lugar a las conductas disruptivas y desafiantes.

Cuando este trastorno no se resuelve, en la adolescencia suelen aparecer graves problemas escolares debido a que los niños son particularmente resistentes y desagradables, presentando dificultades tanto en las relaciones con los profesores como con los amigos.

Vale aclarar que en muchos casos el tratamiento del trastorno oposicionista desafiante implica no sólo la psicoterapia sino también la farmacología, utilizándose los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y otros medicamentos como el metilfenidato, la atomoxetina y en casos excepcionales la risperidona.

Si nos referimos a los tratamientos conductuales, uno de los programas más generalizados es el Defiant Children, donde se contempla la intervención de los padres mediante una serie de pautas muy bien estructuradas y sistematizadas dirigidas a que el niño adquiera un abanico de conductas positivas que le ayuden a alcanzar el éxito en el colegio y en sus relaciones sociales.

Otro tipo de acercamiento terapéutico al trastorno oposicionista desafiante es el Collaborative Problem Solving, donde se comprenden las conductas disruptivas como comportamientos inflexibles y explosivos. En este caso se parte de la idea de que la conducta del niño se debe a un retraso en el desarrollo de habilidades cognitivas concretas por lo que el programa se focaliza en que el pequeño aprenda a regular las emociones, desarrolle la tolerancia a la frustración y la habilidad para resolver problemas.


Fuentes:
Rigau-Ratera, E. et. Al. (2006) Tratamiento del trastorno de oposición desafiante. Revista de Neurología; 42 (2): 83-88.
APA (2002) DSM-IV-TR: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Barcelona: Masson.